Prueba del Ford Explorer eléctrico: un SUV con mucha chispa, pero no todo es potencia

El apellido Explorer ha cambiado de vida. Antes era ese SUV enorme y glotón que solo veías aparcado frente a algún colegio privado, equipado con mecánica híbrida enchufable y más caballos que la Feria de Jerez. Ahora, Ford ha reinventado el concepto para ofrecernos un todocamino mucho más compacto, 100% eléctrico… y con la clara misión de conquistar a los europeos. ¿El resultado? Te lo cuento tras probar el nuevo Ford Explorer eléctrico. Y sí, me ha convencido, pero no en la versión más potente.
Un Explorer 100% europeo (y a precio menos marciano)
Hasta ahora, si querías un Ford eléctrico tenías que mirar al Mustang Mach-E. El problema es que su precio arrancaba donde terminan muchos sueños: desde 49.000 euros. Ford lo sabía y ha respondido con este Explorer, que parte desde unos 41.812 euros (antes de descuentos o Plan Moves III). No es el chollo del siglo, pero al menos ya no necesitas hipotecar a tu perro para hacerte con uno.
La receta de Ford para acelerar el desarrollo de este modelo ha sido clara: asociarse con Volkswagen. De hecho, Explorer comparte la plataforma MEB del grupo alemán, la misma que montan el Audi Q4 e-tron, el Skoda Enyaq o el VW ID.4. Así, el Explorer se convierte en el primer Ford eléctrico “pensado para europeos” y en rival directo de los eléctricos compactos más populares del continente.
Diseño: Personalidad a raudales y algún que otro detalle mejorable
El nuevo Explorer mide 4,47 metros: más compacto y manejable que su antecesor americano. A nivel estético, Ford ha conseguido que no parezca una lavadora con ruedas (lo cual, viendo algunos eléctricos modernos, ya es un logro). Tiene carácter propio y transmite robustez. Eso sí, la funcionalidad a veces se sacrifica por la forma: el borde de carga trasero está a 76 cm del suelo, así que olvídate de cargar el maletero sin hacer bíceps.
En su versión más equipada, presume de faros LED matriciales adaptativos. Se ajustan automáticamente según el tráfico y las curvas, así que puedes olvidarte de los juegos de sombras chinescas en las carreteras secundarias.
Interior: Un guiño a Volkswagen (y algún toque propio)
Te subes al Explorer y la inspiración alemana es evidente. El cuadro de instrumentos es una pantalla diminuta tras el volante (sí, igual de pequeña que en los VW). Los controles del cambio, los limpiaparabrisas o las luces también te resultarán familiares si has pasado tiempo en un ID.4. Y sí, los poco queridos botones táctiles han llegado hasta aquí. Pero ojo, no todo es copia y pega: presidiendo el salpicadero asoma una gigantesca pantalla vertical de 14,6 pulgadas que le da un aire moderno y tecnológico. Además, incluye cargador inalámbrico para el móvil en la consola central.
Los asientos deportivos tapizados en piel Sensico son calefactables y tienen función masaje de serie. La comodidad está asegurada y la posición de conducción es francamente buena. Eso sí, en materiales hay mucho plástico a la vista, aunque las uniones entre piezas están bien rematadas y no hay crujidos sospechosos (ni siquiera al poner a prueba tu playlist favorita).
Diferente, sí; perfecto… todavía no
El Explorer eléctrico aporta una bocanada de aire fresco al segmento SUV compacto. Es más accesible que el Mach-E y tiene personalidad propia —algo escaso en tiempos de clones eléctricos—. ¿Pequeños lunares? El abuso de plásticos en el interior y ciertos detalles prácticos mejorables, como el acceso al maletero.
No olvides que hay varias versiones disponibles: desde los 170 CV hasta los 340 CV. Y aquí va mi consejo de amigo: la variante más potente impresiona sobre el papel pero, tras probarla, me quedo con las opciones medias. El equilibrio entre prestaciones, precio y autonomía es mucho mejor… y tu bolsillo (y tus nervios) te lo agradecerán.
¿Merece la pena?
Si buscas un SUV eléctrico diferente —y no quieres hipotecar a tu suegra— el nuevo Ford Explorer puede ser tu próximo coche. Eso sí, elige bien la versión; a veces menos potencia significa más sentido común… y más kilómetros disfrutando sin preocuparte por recargar.