Sorprendente giro de Stellantis, abandona su sistema autónomo propio justo cuando más lo necesitaba

En el mundo del motor, los cambios de marcha bruscos suelen dejar huella. Stellantis, ese conglomerado que reúne a marcas tan dispares como Jeep, Dodge o Ram bajo el mismo techo, acaba de dar un volantazo que ha pillado a más de uno mirando para otro lado: dice adiós a su ambicioso plan de desarrollar sistemas de conducción autónoma avanzados fabricados en casa. Sí, ese “proyecto secreto” que parecía tenerlo todo para triunfar, acaba de pinchar rueda.
¿Qué es lo que se ha quedado en el arcén?
- Stellantis cancela el desarrollo propio de sistemas autónomos “manos libres y ojos fuera de la carretera”.
- Los costes disparados y desafíos técnicos han hecho saltar las alarmas en la directiva.
- La electrificación, que no termina de despegar en sus ventas, complica todavía más el panorama.
Hace apenas unos meses, la prensa especializada se hacía eco de la llegada del STLA AutoDrive 1.0, un sistema nivel 3 según la SAE, que prometía dejar al conductor relajarse mientras el coche se ocupaba de todo… o casi. Pero lo que parecía el primer paso hacia una movilidad futurista, hoy es un proyecto archivado en la carpeta “pendiente de milagro”.
¿Por qué Stellantis ha puesto el freno?
No es ningún secreto que la conducción autónoma ha pasado de ser puro marketing a convertirse en un reto tecnológico y financiero de órdago. Según fuentes cercanas a la compañía (y algún que otro café derramado en las oficinas), los costes para alcanzar un nivel avanzado resultaron tan elevados como los peajes en hora punta. Además, la incertidumbre sobre si realmente los conductores quieren o usarán estos sistemas terminó por echar más leña al fuego.
Por si fuera poco, Stellantis ya va con el pie cambiado en la carrera eléctrica. Sus rivales venden eléctricos como churros mientras ellos siguen ajustando estrategias. Con el panorama así, intentar liderar también la autonomía era como querer correr una maratón con dos ruedas pinchadas.
¿Y qué pasa con la competencia?
Mientras tanto, fabricantes como General Motors, Ford y Tesla siguen subiendo la apuesta. Sus sistemas, Super Cruise, BlueCruise o el Full Self-Driving supervisado, se han convertido en el “objeto de deseo” entre quienes buscan coche nuevo, según AutoPacific. Eso sí, casi todos estos sistemas siguen en nivel 2: mucha ayuda, pero siempre con el humano al mando.
La diferencia es que Stellantis apostaba por ir un paso más allá: dejar que el coche se ocupe incluso de vigilar la carretera bajo ciertas condiciones. Pero cuando el coste del salto es demasiado alto y el retorno incierto, hasta los valientes se lo piensan dos veces.
¿Significa esto que se acabó la innovación?
Nada más lejos. Abandonar el desarrollo propio no es rendirse, sino buscar aliados más rápidos y con menos complejos de MacGyver. Lo más probable es que Stellantis tire ahora de socios tecnológicos para no quedarse fuera del juego y dedique sus recursos a ponerse al día en eléctricos, donde la presión aprieta más que una plaza de parking en hora punta.
¿Y ahora qué?
La realidad es tozuda: desarrollar vehículos autónomos cuesta más de lo que parece y no todos pueden permitirse ese lujo. Stellantis ha preferido pisar el freno a tiempo antes que estrellarse contra una pared de expectativas y balances negativos. Puede que no tenga el sistema autónomo “nunca antes visto” que prometía, pero al menos sigue en la carrera sin perder rueda… ni sentido del humor.