El sorprendente plan de Mazda y Toyota para dar una segunda vida a las baterías de coches eléctricos

No todo es color de rosa en el mundo de los coches eléctricos. Mientras celebramos cada nuevo modelo sin tubo de escape, hay una pregunta que ronda la cabeza de los expertos y, por qué no decirlo, de cualquier persona preocupada por el planeta: ¿qué demonios pasa con las baterías cuando ya no sirven para mover un coche? No hablamos de esas pilas AA que encuentras en el mando de la tele, sino de gigantescos bloques que pesan más que tus vacaciones en agosto.
Aquí es donde Mazda y Toyota han decidido ponerse serios (y un poco creativos). Ante el reto de la sostenibilidad, estos dos gigantes japoneses han unido fuerzas para buscarle un futuro útil a las baterías que ya no quieren saber nada de acelerar ni frenar.
La movida de las startups y la apuesta de los fabricantes
En los últimos años, han surgido startups con ideas de lo más variopintas para darle una segunda oportunidad a las baterías usadas. Desde bancos de energía portátiles hasta farolas inteligentes que funcionan con “pilas recicladas”. Pero cuando los grandes fabricantes se meten en el ajo, la cosa se pone interesante.
Toyota, por ejemplo, lleva un tiempo desarrollando sistemas capaces de recoger todo tipo de baterías de alto voltaje, da igual si son de un híbrido enchufable, un eléctrico puro o una nave espacial (bueno, casi). La clave está en aprovecharlas para crear sistemas de almacenamiento de energía industrial. Y aquí es donde entra en juego su socio Mazda, que ha abierto las puertas de su famosa planta en Hiroshima para probar el invento.
Así funciona el Sistema Sweep: La revolución silenciosa
El nombre del sistema suena a grupo de música indie, pero el Sistema de Almacenamiento de Energía Sweep es mucho más que eso. Básicamente, conecta baterías recuperadas de vehículos electrificados directamente a la red eléctrica. ¿El objetivo? Aprovechar toda la energía útil que todavía les queda y alimentar instalaciones industriales, oficinas o incluso barrios enteros.
Toyota ha afinado la gestión energética para monitorizar cada batería en fracciones de segundo. Si una está floja (como tú después del gym), el sistema lo detecta y prioriza las más saludables. Todo ello sin necesidad de añadir costosos acondicionadores de potencia, porque también reciclan los inversores originales del coche. Menos piezas nuevas, menos coste y menos residuos: triple combo ganador.
Por qué Hiroshima es el laboratorio perfecto
Mazda no ha elegido su campus en Hiroshima por casualidad. Allí cuentan con un sistema propio de generación eléctrica, que combina centrales térmicas y solares. Es como tener tu propio buffet energético: comes lo que produces. Esto lo convierte en el escenario ideal para poner a prueba el sistema Sweep y ver cómo responde ante demandas reales y variaciones en la oferta de energía renovable.
Además, la planta genera buena parte de la electricidad que consume en su día a día. Así que conectar el cerebro energético de Toyota al corazón productivo de Mazda es un experimento con potencial para revolucionar no solo sus fábricas, sino también inspirar a otros fabricantes a lo largo y ancho del planeta.
¿Y ahora qué? El futuro según Mazda y Toyota
La colaboración entre estas dos marcas niponas no se queda en una simple prueba piloto. El plan es utilizar este sistema para regular la oferta y demanda de energía renovable en tiempo real. Cuando el sol brilla o el viento sopla, habrá energía extra almacenada lista para usarse; cuando toque ración escasa, las baterías entrarán al quite.
Si todo va como esperan, este modelo podría ser el primer paso hacia un ecosistema donde las baterías viejas tengan una jubilación activa (mucho más interesante que la del típico jubilado en Benidorm). Todo suma para ese gran objetivo que repiten como mantra: alcanzar la neutralidad de carbono antes de que nos quedemos sin planeta.
El círculo virtuoso japonés
Mazda y Toyota están demostrando que la colaboración da frutos jugosos. Reutilizan lo que otros considerarían chatarra tecnológica y lo convierten en una solución eficiente y sostenible. No solo ayudan al medio ambiente, sino que también optimizan costes y recursos.
Quizás en unos años hablemos de cómo este tipo de sistemas revolucionaron la industria energética tanto como lo hizo el walkman en su día con la música portátil. Hasta entonces, toca seguir atentos a estos experimentos japoneses que, a golpe de ingenio y sentido común, prometen cambiar la forma en la que entendemos la vida útil (y post-vida) de las baterías.